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II PREMIO DE PERIODISMO GRÁFICO 'ALFONSO SÁNCHEZ GARCÍA' (2008)

 

DISCURSO DE ANTONIO CAMACHO
Secretario de Estado de Interior


Hotel Westin Palace
Madrid, Jueves, 27 de noviembre 2008


Antonio camacho / © Gilberto Villamil Buenas noches a todos:

Quiero empezar esta intervención con una disculpa. La que Alfredo Pérez Rubalcaba me ha pedido que les trasmita por su ausencia aquí esta noche. En realidad, me ha hecho un doble encargo, porque me ha pedido que les traslade también su agradecimiento sincero, primero por su compresión y segundo, por la invitación de la Asociación de Periodistas Gráficos Europeos para entregar este premio tan merecido, y tan significativo, a César Lucas Escribano. 

Cumplir el encargo del Ministro no ha sido difícil. Más arriesgado es intentar sustituir a Alfredo. Por eso, ni lo voy a intentar. Lo que sí voy a hacer es compartir con ustedes un rato hablando de una pasión común. Mucho se ha debatido a lo largo del último siglo sobre el papel de la fotografía en la prensa, ¿es arte? ¿es técnica? ¿es una herramienta para la información? ¿es un fin en sí misma?.Como no experto que soy, me voy a permitir decir lo que, humildemente, creo:

Cuando Alfonso Sánchez García hizo esas magistrales fotografías de la primera mitad del siglo XX español, hizo arte e historia y, paralelamente, nos hizo un gran favor; nos permitió saber. Nos abrió la puerta al conocimiento sobre esos hechos, nos facilitó mirar sin estar, constatar que, efectivamente, esos hechos habían tenido lugar y que estaban llenos de vida y de muerte, de realidad. Eso es fotoperiodismo.

Leí en algún periódico que el ex director del MOMA de Nueva Cork, Meter Galassi, dijo que “la fotografía es la hija bastarda de la ciencia y del arte”. Él sabrá. Yo creo que la fotografía es hija de nuestro tiempo. Un tiempo de cambios vertiginosos: donde la técnica, las propias tecnologías de la información, donde el arte y sus manifestaciones, cambian a velocidad inalcanzable…Si la fotografía es hija de alguien, es de nuestro mundo, al que como buena hija se ocupa de describir constantemente. Mucho más si hablamos de la fotografía periodística

Por que en la información también, especialmente, diría yo, “una imagen vale más de mil palabras”. Nadie, mucho menos yo que soy político, puede desconocer el enorme poder de las imágenes. De cualquier modo, siempre es bueno repensar lo que uno hace. Reflexionar sobre la finalidad de nuestro trabajo. Yo diría que para repensar el periodismo grafico hay que mirar a nuestro pasado reciente. Hay que mirar el gran, el importante papel que tuvieron los reporteros gráficos en la llegada a la democracia a nuestro país y, también, en la consolidación constitucional y del sistema de derechos y libertades.

Ahora, con el desembarco de la tecnología digital, y su accesibilidad a millones de personas, muchas voces se preguntan ¿y ahora que? ¿es el fin del fotoperiodismo? ¿es el comienzo de una nueva etapa del periodismo gráfico? De catastrofistas está el mundo lleno. Pero no. Si me pedís que pinte un cuadro, lo hago ahora mismo. Pero será una suma de brochazos, no una obra de arte. Eso es lo que pasa con vuestra profesión. Todos tiramos fotos, pero sólo algunos sois capaces de captar la realidad.

Se necesitan profesionales. Y para profesionales de verdad, César. Cómo no, César Lucas, es uno de los mejores ejemplos que se pueden poner para ilustrar lo que acabo de decir. Un fotógrafo, un profesional de la información grafica, que lleva casi 50 años disparando con su objetivo a casi todo y, además, acertando.

Pero es que César ha sido, y es, uno de los mejores. Su trabajo, su obra, fue fundamental en la etapa de la transición. Esos días en que una nueva generación de periodistas gráficos iluminaron con su mirada el camino hacia una sociedad moderna. Nunca como en ese tiempo fue más cierto aquello de que la fotografía es “la escritura de la luz”.

Porque quienes le conocen desde el inicio de su carrera profesional, coinciden en que las fotografías de César eran, son distintas. No sólo eran los encuadres, la corrección técnica, la oportunidad espacio temporal…Esto se le supone a todo profesional. No, es otra cosa. César no solo ve por el objetivo, también mira más allá. Mirar y ver, son dos cualidades que unidas en un fotógrafo les hacen distinguirse y le hacen especial. Y César lo es.

Pero, si se puede decir algo concreto que lo explique, os diré que su gracia particular es haber sido moderno en el franquismo y clásico en la democracia. En el mundo gris y aburrido del franquismo casi todo sonaba a más de lo mismo. En esas circunstancias, en el diario Pueblo, había redactores que burlaban el control escribiendo entre líneas. Pero César no escribía: miraba, veía, y con esas cualidades entre sus manos desencuadraba donde otros encuadraban, desenfocaba donde otros enfocaban, dando un toque moderno a su trabajo diario. No era algo que se hiciera muy manifiesto, sino una forma discreta, pero reseñable, de su estilo, de su arte. Su intención siempre fue inquieta. Con los medios técnicos que había y el “rigor mortis” de la profesión de aquella época, no es poca cosa. Cuando llegó la democracia y César comenzó a hablar de oficios tan anglosajones como el de editor gráfico, algunos periodistas le observaron con recelo. César siempre se preocupó por formarse, y andaba varios pasos por delante de los demás. Se pasó a la revista y a la moda y su estilo se consolidó con rapidez. ¿Quién ha retratado mejor el desnudo femenino, sino César?. Esto es, se convirtió en un clásico, en el sentido de referencia profesional, de buen hacer.

Pero para saber mirar y ver, para ser moderno y clásico a la vez, hay que tener olfato e intuición. Y César los tiene. Hoy mismo, pensando en lo que diría al entregarte el premio, pregunté a colegas cuán importantes son el olfato y la intuición en el oficio. Muy importantes, me dijeron. Y, para beneplácito mío, uno de esos colegas, había trabajado contigo y me contó lo siguiente, sobre tu etapa en Interviú- esa revista “símbolo” de la transición española-, me dijo lo siguiente (le cito):. “César ya estaba más que consagrado y a pesar de ser un gurú del periodismo gráfico, trabajaba a pie de obra sin dejar nada al azar. Por entonces no existía la digitalización y César trabajaba en todos los procesos de creación de la fotografía: desde su concepción, hasta su revelado e impresión. Esto es, siempre se responsabilizó enteramente de su trabajo. En una sesión de selección de fotografías de una popular mujer desnuda, debatía fogosamente con el director cuál de las instantáneas debería ir en la portada. La discusión fue larga y dura. César defendía su trabajo. El director esgrimía motivos formales y analíticos. Cuando se publicó, el número fue un éxito rotundo y su portada gratamente recordada”. Tu colega, César, no asistió al final de la discusión y, viendo el éxito, recuerda que te preguntó ¿cuál fue el criterio que ganó? “El olfato y la intuición, es lo mejor que tiene el periodista”, fue la respuesta. Mirar y ver, olfato e intuición. César Lucas reúne todas estas cualidades. 

No quiero extenderme en exceso, pero creo que no puedo marcharme sin decirle a César que gracias a él, a su mirada, a su trabajo, he podido disfrutar de innumerables “vistas” de este país. Históricas, algunas veces. Preciosas, otras muchas. Preciosas e históricas, la mayoría. Para mí, igual que para toda mi generación, los que éramos niños durante la transición, vimos, supimos, conocimos a través de ti, de tus fotos, que algo estaba cambiando. Y aunque en ese momento no lo sabíamos, más tarde aprendimos historia reciente contigo: con la foto de Marisol en la portada de Interviú, del 76; o la del “niño de la transición” en aquella importantísima manifestación por la subida del pan; o las más antiguas fotos del Che en Madrid, en el 59; cuando tú solo tenías 18 años. Tus fotografías han marcado la historia real de este país, y la nuestra con ellas. No me pregunten como se las arregla César para estar, siempre, en el momento justo, y trabajando. Pero lo hace.

Solo los grandes fotógrafos están en el lugar en el que hay que estar, aunque muchas veces pongan en riesgo su seguridad e incluso su propia vida. Por eso, quiero recordar a José Cendón, que ayer fue secuestrado en Somalia junto a un reportero británico mientras realizaban su trabajo. Cuando secuestran a una periodista, da igual su nacionalidad o el país del mundo en el que ocurra, arrancan a todos una parte importante de nuestra libertad. Quienes lo hacen, tienen que saber que siempre habrá otro periodista dispuesto a estar en el lugar adecuado en el momento justo para mirar por nosotros y enseñarnos lo que unos pocos no quieren que veamos, para hacernos más libres.

Termino. Muchas gracias y felicidades, César, por este premio. Sólo una cosa más; cuánto me alegra que seáis vosotros, los periodistas gráficos de la Asociación de Periodistas Gráficos Europeos, los que estéis detrás de los objetivos, reflejando, contando con imágenes el trabajo que hacemos, a veces mejor, a veces peor, pero que los ciudadanos tienen derecho a conocer.

Muchas gracias.

© 2008 Asociación de Periodistas Gráficos Europeos (APGE).

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